Durante una lejana época me empeñé en aprender letras portuguesas que utilizaba en mi soledad. Al cabo de seis años me hicieron parecer lo suficientemente graciosa para conocer a tres brasileños que hablaban mi idioma en un pub extranjero y que después evitarían que perdiera mis bolsas de la compra.
Aún en edad adolescente, haciendo caso omiso a los adultos, decidí abandonar todas las actividades extraescolares: no quería aprender nada. A cambio, con tanto tiempo para el silencio abrí un libro de adivinanzas, presagiando que los libros y el lápiz me harían tremendamente feliz, llegando a hacer de aquello mi profesión.
Hace tiempo quise un curso de formación sobre los menores soldado y allí, además de teoría, me empapé de niños que fingieron ser muertos sobre los charcos de sangre de sus vecinos. Me regalaron dibujos que me despiertan la conciencia cada vez que abro esa carpeta.
En uno de mis aciertos, allá por mis quince años, tuve un novio que me hizo saltar el muro del pueblo, el parque y la plaza, además de descubrir en mí toda una revolución. Parecía que era ir rápido o ser influenciable, pero lo cierto es que él me hizo independiente y desde ahí nunca dejé de gritar, de perder el miedo a las pancartas y de darme cuenta de que defender lo justo no hace sentir vergüenza.
Por imposiciones legales comencé una formación mínima inglesa -siempre a regañadientes-. Finalmente, me permitió protagonizar mi primer beso de película bajo una lluvia torrencial en la puerta de un Bed and Breakfast.
Me propusieron aprender algunos métodos de trabajo y juego para entretener a niños durante una tarde. Me quedé toda la semana y, aunque los métodos se me olvidaron, podía sentarme con ellos en la calle cuando la clase acababa y nadie venía a buscarlos, pensando que al menos hasta mi último autobús no jugarían con papelinas.
Una vez me permití equivocarme en una relación y al salir mis límites eran muy fuertes, infranqueables, duraderos. Además, empecé a distinguir a los buenos.
Me aseguraron que latín y griego no me servirían para nada; ya conoceréis eso de que los "listos" van a ciencias. Sin embargo, esa elección me obligó a salir de la burbuja de la clase de los estudiantes perfectos y durante esas dos horas me uní a alguien que, aunque no estudiaba mucho, siempre estuvo conmigo y mucho tiempo después, junto con la promesa de tatuarnos un rayo, me dio la mano para salir de un infierno.
Siempre odié hacer las tareas de casa, pero mamá me obligó a aprender: ella no era una esclava. Ahora mamá no puede hacerlo, tiene que recuperarse de una operación y yo puedo decir: tranquila, yo me encargo.
Solicité un voluntariado de refuerzo escolar con jóvenes en posible riesgo de exclusión, pensando que se trataría de un simple modo de obtener créditos universitarios. No os engaño: tuve que volver a estudiar Matemáticas, lo cual fue horrible. Sin embargo, adquirí paciencia para sentarme cada tarde a hacer deberes con mis sobrinos y descubrí que mi objetivo sería la docencia, incluso en este sistema educativo de mierda. No solicité los créditos, ya me sentía pagada. Hoy sigo viendo como aquellas dos chicas saben ser felices pese a las malas vivencias.
Uno de mis ex tocaba tanto la guitarra que me empeñé en aprender compases e incluso me atreví a cantar flamenco. Nunca seré una buena guitarrista ni mis "quejíos" me harán famosa, pero me ayudó a acercarme a mis alumnos cuando aún no tenía ni idea de lo que hacer.
Por probar algo diferente, aunque con miedo, escogí como segundo idioma de carrera el árabe. La lengua más bonita que he estudiado nunca y la que me hizo acercarme a alguien que me rompería cada mito en torno al Islam, haciéndome ver cómo de iguales éramos, tapándome las grietas de los prejuicios y poniendo amor en cada duda y en cada odio que los medios de comunicación sembraron.
Tuve un profesor al que odié cuando vi entrar con gesto prepotente, mandándome trabajo extra y jugando a adivinarme el futuro. Sí, al final lo quise. Lo quise porque al crecer vi que el trabajo de clase era académico, pero el extra era en valores, de modo que mucho de lo que yo era fue culpa suya. Cuatro años después de recibir su última clase llegué a un momento crucial en mi vida, miré a todo mi alrededor y él era la única salida.
En un cercano momento decidí que compensaba perder parte de un curso de inglés para profundizar más en el castellano, de manera que conseguí poner en mi camino a un filólogo que me permitió seguir el castellano sin perder ni un solo día de inglés, ponentes que me enseñaron vocabulario extra en tres idiomas más y una doctora que alentó muchos planes de futuro.
miércoles, 19 de julio de 2017
sábado, 24 de junio de 2017
Toxicomanía
Tú y yo queremos ser escena.
Tú y yo queremos ventanilla,
entre los dedos un cigarro
y cara de melancolía.
Tú y yo queremos ser miradas.
Tú y yo queremos compañía,
una mirada elegante y
cien gramos de blanca vida.
Tú y yo queremos ser fiebre.
Tú y yo queremos butaca,
una botella para dos
y por si acaso petaca.
Tú y yo queremos música.
Tú y yo queremos colchón,
con espacio de tres cuerpos
donde solo duermen dos.
Tú y yo queremos amor
de los que vienen y van,
yéndose para el recuerdo,
volviendo para olvidar.
Tú y yo queremos ser dos,
de los que rehuyen miradas
y nunca temen a nada,
Tú y yo seremos la cámara.
Tú y yo queremos ventanilla,
entre los dedos un cigarro
y cara de melancolía.
Tú y yo queremos ser miradas.
Tú y yo queremos compañía,
una mirada elegante y
cien gramos de blanca vida.
Tú y yo queremos ser fiebre.
Tú y yo queremos butaca,
una botella para dos
y por si acaso petaca.
Tú y yo queremos música.
Tú y yo queremos colchón,
con espacio de tres cuerpos
donde solo duermen dos.
Tú y yo queremos amor
de los que vienen y van,
yéndose para el recuerdo,
volviendo para olvidar.
Tú y yo queremos ser dos,
de los que rehuyen miradas
y nunca temen a nada,
Tú y yo seremos la cámara.
Ojalá sea ella
Lo que yo quiero es que nunca vuelvas a mirar a otra como me miraste a mí: de esa forma fría, aburrida y muda, que destruía cada lugar. De hecho, me reconforta pensar que en tu siguiente intento los ojos te brillarán y no habrá excusas para irse pronto.
Ojalá ella no haga grandes esfuerzos para captar tu atención, eso ya lo hice yo; no funcionó. Yo simplemente quiero que ninguno sea el estúpido y los dos seáis amantes locos, fieles instantes, desmadres crueles.
Lo que yo quiero es que siga el curso la balanza, que cuando yo sentí tu entraste en parálisis, así que ahora sientas mientras yo me postro en el sillón. De hecho, espero que ella abandone ciclo semejante y, simplemente, la cosa marche.
Ojalá yo esté cerca un día para verte sonreírle, necesitarle, acariciarle... Ojalá tú sufras como se sufren las cosas que merecen la pena, con la lucha que es camino y el camino piedras buenas. Va a pasarte, siempre lo detecto antes.
Ya no importa cuándo vuelvas o te marches: no habrán bienvenidas, no habrán despedidas, solo yo mirando tus idas y venidas por rincones donde fuimos, por los que perdimos el ritmo y por los que no aparecimos.
Ojala sepas que es ella, que te hará feliz.
jueves, 4 de mayo de 2017
Crónica
Nunca esperó verte en tantas noticias, no si no era por cumplir tus metas, que, desde luego, una no era morir a la edad de todos los grandes, pese a serlo. Nunca pensó que tu nombre sería tan popular en los buscadores de Internet y que al fin tus videos serían masivamente visitados.
Nunca esperó que cuando tu futuro empezaba a dejar de ser incierto, de pronto, cesara por completo la certeza. Nunca esperó que fuera ella quien asistiera a tu último aliento, mientras el suyo ni siquiera tenía espacio para desbocarse.
No estás y ella sigue estando; no estás y el mundo continúa incluso con aquellos que nunca te conocerán; no estás y siempre estarás en ella; no estás para que te diga todo aquello que le faltó expresar, para que te mire y te de vida, para tener el alma completa.
No estás, aunque sigas estando, porque no te has ido y no te irás, porque el 3 es ya un número de mala suerte y porque mayo, ¡oh mi mayo!, donde tantos héroes dieron su vida, otro más la ha perdido. Maldito mayo que es mucho lo que ha dado, pero a cambio de tanto...
Hoy Miguel Hernández va en las venas de todos, diciendo que no es cierto, que tendrás que volver con esta primavera, porque "A las aladas almas de las rosas / de almendro de nata te requieren, / que tenéis que hablar de muchas cosas, / compañero del alma, compañero". Así es como te has convertido en ese rayo que no cesa, en el constante recuerdo de esperanza, dolor y alivio.
martes, 25 de abril de 2017
Cuando yo ya no te busque
Este miedo a tu espejismo
En cualquier caso,
te pienso y estoy a salvo,
te encuentro deambulando
en un descuidado cuerpo
que aún responde a tu mandato.
Este miedo se me irá,
como cualquier miedo hace,
en cuanto encuentre el momento
que alguien llene sin buscarte
como ahora estoy haciendo.
me ha vetado algunas calles
por las que volvía a casa.
Tengo miedo a que aparezcas
y a pasar sin que me veas.
Tu recuerdo me ha vetado
aquel restaurante nuestro
y sitios por descubrir.
Tengo miedo de saber
y no saber de ti.
Tengo miedo
de que el miedo
no se vaya
y esperar
eternamente nada.
de que el miedo
no se vaya
y esperar
eternamente nada.
En cualquier caso,
te pienso y estoy a salvo,
te encuentro deambulando
en un descuidado cuerpo
que aún responde a tu mandato.
Este miedo se me irá,
como cualquier miedo hace,
en cuanto encuentre el momento
que alguien llene sin buscarte
como ahora estoy haciendo.
martes, 11 de abril de 2017
El instante del comienzo
Transcurría normal la mañana,
con idas y venidas
por los sueños que brinda su mirada.
Había un café,
quizá algún árbol molesto
y un cenicero que paliaba el tiempo.
De repente y sin aviso,
su rostro del mío a un centímetro:
me detuvo el tiempo y me pisó el olvido.
Empecé a ahogarme
por voluntario suicidio
en esa quimera azul
que forma su mirada
al contraluz de aquella sierra
jamás vista de aquella manera.
Salían de su boca versos
y nudos de mi garganta,
a parte de ganas, ganas, ganas.
Me lo explicó:
"esto no es poema, es caligrama",
moldeándome con él la cara.
[No fui la musa
de aquellos versos
ya traídos en el bolsillo,
ya marcados por el tiempo,
por todo lo que ha vivido
con otras, sinmigo].
Sin embargo...
Volvamos a él y a mí,
a su voz recitando:
Terminó,
aunque yo aún lo escucho
hablando mientras tiemblo.
Supe que iba a ser eterno,
que no recordaría ni un verso,
pero que los guardaría dentro.
Se tomó un segundo
y estalló el beso.
Nosotros mudos y el mundo ciego.
Se marcharon con él de nuevo,
uno a uno, cada verso,
para cada vez, al verlo,
ser instante del comienzo.
con idas y venidas
por los sueños que brinda su mirada.
Había un café,
quizá algún árbol molesto
y un cenicero que paliaba el tiempo.
De repente y sin aviso,
su rostro del mío a un centímetro:
me detuvo el tiempo y me pisó el olvido.
Empecé a ahogarme
por voluntario suicidio
en esa quimera azul
que forma su mirada
al contraluz de aquella sierra
jamás vista de aquella manera.
Salían de su boca versos
y nudos de mi garganta,
a parte de ganas, ganas, ganas.
Me lo explicó:
"esto no es poema, es caligrama",
moldeándome con él la cara.
[No fui la musa
de aquellos versos
ya traídos en el bolsillo,
ya marcados por el tiempo,
por todo lo que ha vivido
con otras, sinmigo].
Sin embargo...
Volvamos a él y a mí,
a su voz recitando:
Terminó,
aunque yo aún lo escucho
hablando mientras tiemblo.
Supe que iba a ser eterno,
que no recordaría ni un verso,
pero que los guardaría dentro.
Se tomó un segundo
y estalló el beso.
Nosotros mudos y el mundo ciego.
Se marcharon con él de nuevo,
uno a uno, cada verso,
para cada vez, al verlo,
ser instante del comienzo.
jueves, 12 de enero de 2017
Quiero ser
Quiero ser el segundo cigarro de cuando pienses que solo te queda el último; quiero ser los gritos de tus embestidas y el Pepito Grillo de tus tardes con amigos.
Quiero ser tu imposición sin reglas, ser tu norma, sin ponerla; quiero que te hartes de verme sin tener bastante y te olvides de quién eras.
Quiero ser esas frases que escribas y nunca puedas conectar; quiero ser tu "mierda, no me queda batería" cuando no esté y tu "dame un respiro" en cada par de veces cuatro veces más.
Quiero ser tu única mitología, tu lectura cada día; quiero ser cada noche todas las amantes de mi Zeus y también su Dafne esquiva.
Quiero ser quien siempre tiene fuego para darte; quiero ser quien se calle a tu lado y solo así ayudarte, ser tu espacio a solas, tu desmadre.
Quiero ser las paredes que miras tantas horas; quiero ser tus ganas de huir y el cuerpo donde naufragues. Quiero ser más datos en tu vida, como la anterior, como, quizá, una próxima.
Quiero ser el lienzo que mires en tus desvelos con pinceles en los dedos; quiero ser la respiración que toque música en tu oído, el alimento de tu alma y quien devorarla.
Os diré algo al resto: él adora Marte y yo soy Minerva, prenderíamos fuego al mundo en nuestra guerra. El campo de batalla es un colchón donde arde Troya, donde damos tregua al mundo buscando en lo más profundo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)