domingo, 27 de septiembre de 2015

Acostumbrada a la pena

Acostumbrada a la pena andaba,
con cuidado y con caricias,
con la fuerza y la saliva.

Hacer y dejarse hacer,
creer y nunca pensar,
una pastilla y a respirar.

El ritmo que le marcara,
la ropa que le gustara,
el cuerpo que deseara.

A. - ¿A caso sabes quién eras?

Acostumbrada a la pena. - No, no lo recuerdo, pero sé que fui alguien.

A. -¿Y ahora? ¿Quién eres?

Acostumbrada a la pena. - No sé qué es ser, solo sé ser lo que soy y desde hace tiempo no sé, ni en mucho tiempo sabré, lo que era ser quien fui, ni lo que sería ser quien pude ser y no fui.

La Musa A. le mostraba su alma,
ella se negaba a escucharla:
"Musa, no gastes más tus palabras,
que a quien sueños no le quedan,
tampoco le queda esperanza".

La pena a llantos la mecía,
con cuidado iba durmiendo
las caricias que fingieron.

La despertaba la fuerza
y en cada golpe bajo
un trago de saliva le devolvía su vida.

El destino la iba haciendo,
claro que el destino no existe,
de modo que lo dejó ser dueño de su suerte.

Creyó que iba a amainar,
pensó que tenía sentido y,
cuando se complicaba,
una dosis la calmaba.

El ritmo fue aumentando
y con él también las marcas;
la ropa ya era inservible,
como el cuerpo que la llevara.

A. - Sabía que volverías a hablarme.

Las lágrimas habían acabado,
no recordaba a partir de cuándo,
pero su musa la había estado esperando.

Sin sus lágrimas, él no gozaba de respeto,
sin respeto no había poder.
...y sin poder ella había muerto.

viernes, 17 de abril de 2015

Hoy no

En tardes como esta, paciencia.

No es algo oculto, quien me conoce sabe,
y lo sabe muy bien,
que ellos me inquietan y me molestan.

Me dan igual las reglas generales,
las específicas,
el pacto social y nuestra especie.

Son cada vez más inservibles,
son un continuum de daños
y aún, a veces, los deseamos.

Crezco y observo demasiado.
Tardamos en darnos cuenta
y mi misandria aumenta.

Hablamos de guerra, de tormentas;
hablamos de hambre y violencia;
hablamos para callar la evidente apariencia.

El mal siempre está cerca y nos husmea,
nos apresa en un cuerpo de erotismo
y nos retuerce entre palabras de libro.

Hemos perdido el control,
pero eso no lo consiguieron ellos.
Se lo regalamos, víctimas de un sucio juego.

La peor cara del mundo es cada hombre que se acerque.
Hemos hecho de ellos bestias
y de los niños inocentes.

sábado, 28 de febrero de 2015

Desespero y más tiempo espero

Yo podía escuchar muy poco,
siempre estaba en mis quehaceres;
ahora todos hacen mucho,
ni me escuchan ni yo escucho.

Todos se iban sentando,
todos se fueron levantando:
los veía ir, venir,
y yo sigo en el banco.

Así lo decidí, supongo.
Soy esa dama que espera
...espera algo siempre insuficiente,
como una Madame Bobary impaciente.

Sin nada que me llene
ni palabras con las que llenar a nadie;
sin una mirada llena
ni con qué llenar la cartera.

Sin más que unos ojos cansados
y unos labios secos,
espero y desespero,
desespero y más tiempo espero.

martes, 13 de enero de 2015

Hasta que la muerte os separe

Llevas algún tiempo traicionándote y a veces estás tan sola...
Apenas existen momentos para ti, pero si los hay, te hablas demasiado.
Demasiada charla en tan poco espacio.

Aquellos que te comprendían huyeron,
quizá por el descaro de tu sinsentido
y algo asustados por ver en quién te habías convertido.

Tu soledad no está vacía:
hay libros y algún cigarro.
Tampoco muchos, ya no fumas demasiado.

Creen que puede que recuerdes con nostalgia.
Se equivocan.
No quedan recuerdos de algún otro tiempo.

Este tiempo te hizo suya
mucho antes de que te dieras cuenta.
El problema es que ahora no te suelta.

Puedes echarte la culpa, la tienes.
Puedes echarle la culpa, la tiene.
Quieres abandonar el barco, no puedes.

domingo, 7 de julio de 2013

A la espera

Era la agonía previa al lecho de muerte.
Yo, simplemente, me mantenía presente.
Para contener el llanto
analicé aquello paso a paso, cual sádico.

Inhalé hasta lo más profundo ese olor a desinfección,
inhalé el blanco de las sábanas,
inhalé el estrés de los pasillos concurridos
y hasta el temor más cruel.

Allí estaba él:
unas manos viejas, temblorosas,
que acariciaban aquel cuerpo, ya casi inanimado.
Él no llevaba lágrimas, sino el daño de los años.

Cada año que habían pasado juntos iba a dolerle
y dejémonos de tonterías, no era por amor,
a los setenta eso ya está superado,
ahora llegaba una sinrazón.

Qué pasaría ahora en casa,
cómo acostumbrarse a no acostumbrar a verla,
cuánto tiempo pasa exactamente hasta asumirlo,
quién le asegura que no siempre estará hundido.

Ya quedaban solo unos instantes,
ya la cordura pasaba desapercibida,
ya llegó la sinrazón de "por qué te has ido tú y yo no",
la de sus ojos diciéndole "si tú me faltas, falto yo".

Saciar la soledad

Todo comienza con adrenalina y muchas ganas,
así que sucede intenso, pero rápido,
debe ser algo así como un tiempo estimado para no enamorarse.

Cuando llegas al matadero sobra todo preámbulo.
Camuflados entre alguna sustancia y un poco de vergüenza,
ambas partes tienen claro para qué y dónde se encuentran.

Al terminar se conserva la cortesía del último beso
y sales por la puerta con paso firme,
nada parecido al paso temible de luego.

Has disfrutado y, lo más importante,
lo has hecho disfrutar.
Hasta aquí nada tiene por qué ir mal.

El problema es cuando se queman las sustancias,
cuando al acostarte sabes que la has cagado,
pues él ya está durmiendo y tú lo estás buscando.

Descubres entonces que todo empezó por soledad
y el absurdo deseo de permanecer en su recuerdo.
Todo empezó con un leve sentimiento.

Ahora no existe paso firme ni placer:
tambaleas las imágenes como mejor puedes
para sentirte un poco valorada,
para sentirte un poco especial en su boca desgastada.

jueves, 31 de enero de 2013

Apareces y me das sobredosis de vida, pero, como empiece a necesitarte, ya estoy perdida

Lo más inteligente es que te deje,
tú no lo entiendes, pero
para ti es mejor que yo me aleje.

Me siento mal, como al otro lado de un cristal.
No sé qué sientes,
sé que no estás y así no puedo pasar.

Pensé, o me hicieron pensar,
que era egoísta marchar por miedo,
pero..., ¡qué va!; mi huída va a saberte a libertad.

Llevo un tiempo intentando endulzar tu vida y
me vuelco tanto, que me acabo volcando,
bebiendo de esquina a esquina.

Ya lo dije estando ebria:
"en cuanto te necesite demasiado,
lo mejor es que tengas valor para irte de mi lado"

Hoy voy más sobria que nunca.
Por no consumir,
no he consumido ni tabaco...

No quiero oportunidad de explicarte;
si estás en frente, mi verdad va a camuflarse;
con tus brazos, todo esto pierde su alcance.