Repetiría esa noche una y otra vez, sin cambiar algo, sin que nada más pasara. Solo fue esa noche, una noche tonta para imaginar por encima de las posibilidades. Eran esas imaginaciones que vienen con la voz ronca de un día siguiente y te golpean porque se amontonan en vasos de tubo y confusión de una noche que cambió en algún punto absurdo.
Hoy volvería atrás como Ticio repitiendo su castigo. Mi castigo el de no verte, el de que hayas aparecido, el de soñarte pero saber que solo sueño, que todo lo imaginé. Adelantaría luego el tiempo por seguir imaginando una segunda vez y repetirla mil veces también. Una segunda donde todo sea el silencio en que a mí me brillan los ojos contemplándote al lado, donde las palabras no tengan espacio.
Eso quiero: obervar cómo tú, encarnación del mismísimo Apolo, me regalas un trazo de tacto sobre tus brazos; observar cómo tú, encarnación de Hercúles o de Aquiles sin talón fallido, muestras que dejaste el puesto de dios a la soberbia y preferiste conservar la mitad humana de la empatía. Yo sé que si hoy volviera Miguel Ángel a esculpir, rompería en mil pedazos su David.
Tengo dos meses para soñarte y ningún sueño mejor me ha venido en varios años. De igual modo cogeré ese vuelo y te dejaré (sin haberte tenido), te echaré de menos (sin haber habido un más), lloraré despierta en sueños al legar y dormiré durante un tiempo esperando verte despertar. Solo será un tiempo, hasta aceptar que no apareciste por ninguna razón del destino, sino por casualidad y yo me empeñé en pensar que por esta vez sentí algo vivo.
Fuiste el algo que volvió a enseñarme lo que esconde una buena conversación mientras me hablabas y todo el horizonte se perdió teniendo el alfa y la omega de la mía a tu mirada. Fuiste algo que lucharía, algo que cagaría durante el segundo de decirte: "Verás... Yo... Debo estar loca y por eso siento que ya te quiero", esperando tu más cuerdo: "Te has equivocado de persona, lo siento". Yo igualmente lucharía ese segundo en el que ser valiente, aunque sea el golpe duro que haga temblar mi mundo.
Lucharía también por volver a ese lugar que no me gustaba mucho, pero que ahora eres tú. Será cobijo de la pena y recuerdo de pieles saladas, almas mojadas en musgo y pies doloridos de intentar seguir tu rastro. ¿Cómo me defiendo de algo tan irracional, químico e irremediable? Aún así toda la culpa es tuya: tu delito es ir rompiendo mitos, nublando al mundo y comiendo con tu humildad las almas que te acompañan, afortunadas de que una vez las miraras.